Brian H. Kim Jentry Chau Vs. The Underworld Original Soundtrack

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 Firestarter: Dieciséis no tan dulces

El calendario lleva meses marcado. Un gran círculo rojo alrededor del 23 de octubre. El día en que cumplo dieciséis. Un día que, para la mayoría, significa sacar el carnet de conducir, una gran fiesta y quizás un poco más de libertad. ¿Para mí? Es el día en que me veo obligada a enfrentarme a los demonios ardientes que he pasado toda mi vida reprimiendo.


Mi primer recuerdo no son las nanas de mi madre ni el sabor del pastel de cumpleaños. Es de un infierno abrasador. No un fuego al que le tuviera miedo, sino uno que yo misma provoqué. Un cochecito de juguete, una rabieta inocente y luego… un muro de llamas. Recuerdo el pánico en los ojos de mis padres, la prisa frenética por apagar las llamas y las palabras susurradas sobre mantener en secreto mis talentos "especiales".


Durante años, se me ha dado bien. He aprendido a reprimir mis emociones. La ira, la frustración, incluso la alegría intensa, todo está ligado al poder que poseo. El poder de crear y controlar el fuego. Un poder que, de niño, veía como un truco de fiesta, pero que al crecer se convirtió en una carga. Cada vez que sentía una oleada de emoción, un leve destello aparecía en la punta de mis dedos. Así que aprendí a estar tranquilo, a callarme, a ser… normal.


Pero a medida que se acerca mi decimosexto cumpleaños, las grietas en mi autocontrol empiezan a aparecer. Las pequeñas chispas se vuelven más difíciles de contener. El aire a mi alrededor se siente cargado y no puedo evitar la sensación de que algo se avecina. El universo, al parecer, tiene un sentido del humor retorcido, porque no solo mi poder está resurgiendo, sino también mi pasado.


La semana pasada, lo vi. Una figura sombría en un rincón de mi habitación, un destello fugaz de algo con ojos brillantes y una sonrisa siniestra. Mi mente intentó racionalizarlo: falta de sueño, un efecto de la luz. Pero en el fondo, sabía lo que era. Un demonio, la encarnación literal de mis emociones reprimidas y mis miedos. Es una manifestación del mismo poder que he intentado enterrar.


Ya no lucho solo contra mí misma. Lucho contra la representación física de todo lo que he reprimido. Estos no son los dulces dieciséis que había imaginado. No habrá una gran fiesta ni disfraces. Solo estoy yo, un poder floreciente que no comprendo del todo, y un demonio literal acechando en las sombras. Mi cumpleaños no es solo la celebración de un año más de vida; es una fecha límite. Una cuenta regresiva para una confrontación que ya no puedo evitar.


Estoy aterrorizada, pero por primera vez en mucho tiempo, también siento algo más: una chispa de desafío. Me he pasado la vida escondiéndome, pero tal vez sea hora de parar. Tal vez sea hora de abrazar el fuego. Me llamo Ember y estoy lista para enfrentarme a mis demonios. ¿Están ellos listos para mí?




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