La agencia de marketing Chaotic Good Projects depura su sitio web en medio de la controversia por su «campaña narrativa»: ¿cuántos artistas están pagando por promoción artificial en redes sociales?

La agencia de marketing Chaotic Good Projects depura su sitio web en medio de la controversia por su «campaña narrativa»: ¿cuántos artistas están pagando por promoción artificial en redes sociales?

 

La arquitectura de la influencia inauténtica: Un vistazo al mundo de los «fans falsos»

En la industria musical moderna, la línea que separa el entusiasmo genuino y espontáneo de la publicidad artificialmente fabricada se ha vuelto casi imposible de distinguir. Una reciente controversia en torno a la agencia de marketing Chaotic Good Projects ha levantado el telón sobre una sofisticada «arquitectura de la influencia inauténtica» que moldea lo que escuchamos, lo que vemos y, en última instancia, lo que nos gusta.

Controlando la narrativa

La controversia estalló tras una entrevista publicada en marzo por la revista *Billboard* con los cofundadores Jesse Coren y Andrew Spelman, quienes abandonaron la empresa de representación artística Mutual Friends para lanzar Chaotic Good en febrero de 2025. Su filosofía es simple, pero cínica: «todo en internet es falso» y «controlar la narrativa es algo realmente, realmente importante».

Según los fundadores, la agencia se vale de una elaborada red de perfiles sociales para inundar las secciones de comentarios y dictar la percepción pública. Como señaló Coren, el primer comentario que una persona ve en un video a menudo se convierte en su propia opinión antes siquiera de haber escuchado la música. Para explotar esta situación, Spelman describió una estrategia mediante la cual podrían publicar 100 comentarios a los pocos segundos de una actuación —como, por ejemplo, un número musical en *Saturday Night Live*— afirmando que se trataba de la «mejor actuación del año», con el fin de asegurarse de ir un paso por delante del discurso público.

La sala de máquinas: Becarios y TikToks

Este «control de la narrativa» no es magia; requiere una infraestructura considerable. Según se informa, Chaotic Good se apoya en un equipo compuesto mayoritariamente por trabajadores en edad universitaria, becarios y colaboradores externos expertos en desenvolverse en las plataformas sociales.

Una táctica específica consiste en que diversos individuos publiquen masivamente «TikToks tipo *selfie*» superpuestos con textos genéricos sobre relaciones y emociones. Estos videos sirven como vehículos para los clientes de la agencia, garantizando que la música de los talentos emergentes suene constantemente de fondo en contenidos virales de estilo «vacío y embrutecedor».

Una lista de clientes repleta de estrellas (y silenciosa)

Si bien Chaotic Good ha eliminado recientemente el contenido de su sitio web y ha suprimido las referencias a sus servicios de «campañas narrativas», la supuesta lista de clientes resulta asombrosa. Incluye una mezcla de artistas emergentes y superestrellas globales, tales como:

Dua Lipa, Coldplay y Justin Bieber

Shawn Mendes, Reneé Rapp y Benson Boone

Lainey Wilson, Alex Warren y Geese

La decisión de la agencia de ocultar esta lista y su oferta de servicios se produjo tras una investigación exhaustiva realizada por la artista Eliza McLamb, la cual expuso las implicaciones más amplias de estos «fans falsos».

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La brecha de la realidad: reproducciones frente a asientos

La conclusión más impactante de este «juego amañado» es la desconexión existente entre las métricas digitales y el impacto en el mundo real.

Si bien una agencia puede fabricar millones de comentarios, seguidores y reproducciones, no puede falsificar fácilmente una audiencia en vivo.

Las fuentes señalan un ejemplo revelador: un artista de un gran sello discográfico —y cliente de Chaotic Good— que presume de contar con aproximadamente 100 millones de seguidores combinados en redes sociales y oyentes mensuales en Spotify, pero que, sin embargo, solo se presenta en recintos con una capacidad para 2.000 personas.

Esto sirve como un crudo recordatorio de que, si bien las artimañas digitales pueden influir en la «narrativa», no siempre logran construir una conexión genuina y duradera entre un artista y su público.

Para los «músicos de verdad» que se niegan a inflar sus redes sociales a través de terceros, el auge de Chaotic Good constituye un indicador aleccionador de un panorama que recompensa la manipulación calculada por encima del arte genuino.

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