Cómo se han transformado la música y los medios: de la escasez al desplazamiento infinito

Cómo se han transformado la música y los medios: de la escasez al desplazamiento infinito

 



Cómo se han transformado la música y los medios: De la escasez al desplazamiento infinito

Durante décadas, la música y los medios se movieron al ritmo de la humanidad. Descubrías canciones a través de amigos, la radio o el único empleado de la tienda de discos que conocía tus gustos mejor que tú. Esperabas los estrenos de MTV. Ahorrabas para comprar CD. Vivías con los álbumes. Y el ecosistema mediático en torno a la música (radio, revistas, televisión) creó una cronología cultural compartida.

Hoy, ese mundo parece casi irreconocible. La música es instantánea, infinita y se distribuye algorítmicamente. Los medios son fragmentados, personalizados e implacables. El cambio no solo cambió nuestra forma de escuchar, sino que también cambió cómo los artistas construyen carreras, cómo se difunde la cultura y cómo el público forma identidades.

Aquí tienes una mirada más profunda a cómo cambió todo.


1. La música solía ser escasa, ahora es infinita

En aquel entonces, la música era algo que se adquiría.

Comprabas un CD, pedías prestada una cinta o esperabas a que tu canción favorita sonara en la radio. El acceso era limitado, y esa limitación creaba valor. Escuchabas los álbumes de principio a fin porque pagabas por ellos. Memorizabas las notas del álbum porque formaban parte de la experiencia.

Ahora, la música es un pozo sin fondo.

Las plataformas de streaming convirtieron toda la historia del sonido grabado en una única biblioteca navegable. La barrera de entrada se derrumbó: cualquiera puede subir una canción y sentarse al instante junto a leyendas. Pero la abundancia tiene un precio: la atención es ahora un bien escaso.


2. Los medios eran lineales, ahora son a la carta y personalizados

En aquel entonces, los medios tenían un horario.

Veías la televisión cuando salía al aire. Escuchabas lo que ponía el DJ. Los videos musicales eran eventos culturales porque todos los veían al mismo tiempo.

Ahora, la cronología está fragmentada.

YouTube, TikTok y las plataformas de streaming permiten que cada uno consuma contenido a su propio ritmo. No existe un momento cultural único: hay millones de micromomentos que ocurren simultáneamente. Los videos musicales no se estrenan de la misma manera porque la audiencia está dispersa en diferentes plataformas y zonas horarias.


3. Los guardianes lo controlaban todo — Ahora, los algoritmos lo hacen

En aquel entonces, las discográficas, los programadores de radio y los ejecutivos de MTV decidían quién era escuchado.

Los representantes de A&R eran los creadores de tendencias. La prensa importaba. Una actuación televisiva nocturna podía cambiar una carrera.

Ahora, el algoritmo es el nuevo guardián.

Un clip de TikTok de 12 segundos puede lanzar una canción antes de que la discográfica se dé cuenta. Los artistas pueden construir audiencias de forma independiente, pero también están a merced de sistemas de recomendación opacos que priorizan la constancia, la viralidad y la velocidad por encima del arte.

El poder cambió, pero no necesariamente a los artistas.


4. El flujo de dinero cambió por completo

En aquel entonces, los artistas ganaban dinero con las ventas físicas, las giras y las regalías de radio.

Un álbum de platino podía financiar una carrera. Los fans eran dueños de la música.

Ahora, el streaming paga fracciones de centavo.

Las giras son la principal fuente de ingresos, pero son caras y competitivas. Los fans no son dueños de la música, la alquilan. El modelo económico pasó de vender un producto a vender atención.

Por eso los artistas lanzan con más frecuencia, buscan aparecer en listas de reproducción y dependen de las redes sociales para mantenerse visibles.


5. La cultura se movía más despacio: ahora se mueve a la velocidad de un scroll

En aquel entonces, las tendencias tardaban meses o años en difundirse.

Las subculturas tenían tiempo para formar identidades. Los géneros evolucionaban gradualmente. Los álbumes perduraban en la conciencia pública.

Ahora, las tendencias explotan y desaparecen en cuestión de días.

Los microgéneros surgen y caen en TikTok. Las canciones se vuelven virales incluso antes de estar terminadas. La vida media cultural de la música es más corta que nunca.

El ritmo de los medios transformó el ritmo de la creatividad.


6. Escuchar era intencional: ahora suele ser pasivo

En aquel entonces, escuchar era una actividad.

Te sentabas con un álbum. Estudiabas la portada. Conocías a los productores, a los ingenieros, a los músicos de sesión.

Ahora, la música suele ser de fondo.

Las listas de reproducción dominan. Muchos oyentes no saben quién creó la canción; solo conocen la onda. La música compite con podcasts, videos, memes y cualquier otro tipo de contenido.

La relación emocional cambió.


7. La música moldeó la identidad: ahora la identidad moldea el algoritmo

En aquel entonces, tu gusto musical formaba parte de tu identidad.

Conectabas a través de escenas: punk, hip-hop, rave, indie. La cultura local importaba. Descubrías la música a través de la gente.

Ahora, la identidad se fusiona algorítmicamente.

Las escenas son globales. Las subculturas se forman en línea. La gente se mueve entre géneros con fluidez porque las plataformas lo fomentan.

Las tribus musicales aún existen, pero son digitales y descentralizadas.


En resumen

El cambio de la escasez a la abundancia, de los guardianes a los algoritmos, de los medios lineales al desplazamiento infinito, no solo cambió la industria, sino la cultura. Cambió la forma en que los artistas crean, cómo conectan los fans y cómo la música vive en el mundo.

No solo tuvimos más música. Tenemos un nuevo ecosistema, una nueva economía de la atención y una nueva relación entre el arte y el público.

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