90.000 pistas generadas por IA inundan Deezer a diario, superando por primera vez el 50 % de todas las nuevas subidas de música.

90.000 pistas generadas por IA inundan Deezer a diario, superando por primera vez el 50 % de todas las nuevas subidas de música.


 El auge de la IA: por qué la mitad de las nuevas subidas de música son ya sintéticas

La industria musical ha llegado a una encrucijada sorprendente a medida que la inteligencia artificial pasa de ser una herramienta creativa a convertirse en una fuerza dominante en la producción de contenidos.

Según datos recientes del servicio de streaming Deezer, con sede en París, la música generada íntegramente por IA representa ya más de la mitad de todas las nuevas pistas subidas a su plataforma.

Este hito, alcanzado en junio de 2026, pone de relieve el rápido aumento del contenido sintético: cerca de 90.000 pistas generadas por IA inundan el servicio cada día.

Una creciente avalancha de contenidos

Este aumento supone un salto significativo respecto a hace tan solo unos meses; en abril, las pistas de IA representaban aproximadamente el 44 % de las entregas diarias, con un total de unas 75.000 pistas al día.

El volumen de este contenido es abrumador y, en los días de mayor actividad, supera sistemáticamente la cantidad de música creada por humanos.

Aunque parte del uso de la IA tiene fines artísticos, las fuentes apuntan a un motivo más cínico detrás de esta avalancha.

Deezer informa de que el objetivo principal de muchas de estas subidas es el fraude.

En 2025, la empresa estimó que hasta el 85 % de las reproducciones generadas por pistas totalmente sintéticas eran fraudulentas, diseñadas para manipular las cifras de reproducción y diluir el fondo de regalías destinado a artistas y compositores humanos.

El coste humano y la IA "invisible"

Lo que está en juego económicamente para los creadores humanos es mucho.

Las investigaciones sugieren que casi el 25 % de los ingresos de los creadores podría estar en riesgo para 2028 debido a la canibalización por parte de la IA, lo que representa una pérdida potencial de hasta 4.000 millones de euros.

A esto se suma la dificultad de los oyentes para identificar lo que escuchan.

Un estudio realizado por Ipsos reveló que el 97 % de las personas no lograba distinguir entre música generada totalmente por IA y pistas creadas por humanos en una prueba a ciegas.

A pesar de ello, existe una fuerte demanda de transparencia: el 80 % de los encuestados cree que la música generada por IA debería estar claramente etiquetada, y el 73 % quiere saber cuándo un algoritmo recomienda pistas sintéticas.

Deezer contraataca

En respuesta a esta "invasión de la IA", Deezer está pasando de la mera detección a la aplicación activa de medidas. La plataforma ha anunciado que retirará las pistas creadas con IA generativa que se utilicen para inflar fraudulentamente las cifras de reproducción, así como el contenido sintético que no haya registrado ninguna reproducción durante seis meses o más.

Deezer también se está posicionando como líder en tecnología de detección. Desde 2025, la plataforma utiliza una herramienta propia para identificar y etiquetar pistas provenientes de modelos generativos como Suno y Udio. Tras haber etiquetado más de 13,4 millones de pistas solo en el último año, Deezer está ahora licenciando esta tecnología de detección —que se ha convertido en un estándar del sector— a otros actores del ecosistema musical.

El camino a seguir

Este desafío no es exclusivo de Deezer; otras plataformas como TIDAL, Apple Music y Qobuz también han comenzado a implementar sistemas de etiquetado y bloqueos de regalías para el contenido sintético. Además, organismos del sector como la RIAA y la IFPI abogan por un estándar global que distinga entre música «generada por IA» (totalmente sintética) y música «asistida por IA» (creada por humanos con ayuda de herramientas de IA).

Tal como señaló Alexis Lanternier, director ejecutivo de Deezer, el sector se encuentra en un «momento decisivo». El objetivo ahora es consensuar estándares comunes para garantizar un ecosistema sostenible en el que, en palabras de Lanternier, «triunfe la buena música».

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