Fecha de lanzamiento:
8 de mayo de 2026
Sello:
Jazzland
*Strange Hands*, el nuevo álbum del guitarrista y compositor noruego Eivind Aarset, se siente como una respiración profunda tomada en medio del movimiento: un momento de claridad dentro de un mundo que no deja de cambiar. Como sucesor de su aclamado éxito de ventas *Phantasmagoria, or A Different Kind of Journey*, este disco no intenta superar a su predecesor en escala o espectacularidad. En su lugar, afila la hoja. Elimina lo ornamental. Llega hasta el hueso.
Lo que emerge es el cuarteto de Aarset —de larga trayectoria— en su forma más depurada e inquieta hasta la fecha.
Una banda que habla un lenguaje más destilado
Aarset, el bajista Audun Erlien y los bateristas Wetle Holte y Erland Dahlen han pasado años desarrollando un vocabulario compartido: una forma de transitar entre el *groove*, la atmósfera y la abstracción con una fluidez casi telepática. En *Strange Hands*, ese lenguaje se vuelve más directo, más expuesto. Se pueden percibir los contornos. Se puede sentir la respiración entre los gestos musicales.
La música impacta con mayor agudeza, pero nunca pierde ese juego cinematográfico de luces y sombras que define el universo de Aarset. En lugar de recurrir a exuberantes capas sonoras, la banda se apoya en la tensión: una única línea de guitarra suspendida sobre un pulso rítmico; un fragmento melódico que se disuelve en texturas electrónicas granuladas; un ritmo que parece a punto de estallar.
Es minimalismo con colmillos.
Nuevos colaboradores, nuevos colores
Parte de la electricidad del álbum proviene de los invitados que se incorporan a la órbita del cuarteto:
El violín de Sara Ovinge aporta un temblor crudo y humano: a veces lírico, a veces espectral, pero siempre cargado de emotividad.
El *bansuri* de Mira Thiruchelvam introduce una calidez impulsada por el aliento que atraviesa las texturas más frías del álbum, ampliando la paleta emocional sin suavizar los contornos.
El productor e ingeniero de sonido Bjarne Stensli moldea el sonido con una claridad casi táctil. Cada detalle es intencionado, y, sin embargo, nada resulta excesivamente artificioso.
Estas aportaciones no se limitan a decorar la música, sino que la desestabilizan —en el mejor de los sentidos—, empujando al cuarteto hacia nuevos territorios.
Más cercano, más oscuro, más vivo
Mientras que *Phantasmagoria* se deslizaba a través de paisajes oníricos, *Strange Hands* se siente mucho más encarnado. Tiene tierra bajo las uñas. Los ritmos son más urgentes, las armonías más ambiguas, los espacios más cargados. La guitarra de Aarset a menudo se siente como un narrador que susurra desde el borde del encuadre: guiando, cuestionando y, a veces, desapareciendo por completo para dejar hablar al conjunto.
El resultado es un álbum que se percibe a la vez despojado e impredecible; íntimo, pero expansivo. Es una música que no te revela hacia dónde se dirige, pero te invita a seguirla de todos modos.
Un nuevo capítulo en el universo en constante evolución de Aarset.
Con *Strange Hands*, Eivind Aarset demuestra una vez más que es una de las voces más discretamente radicales en el panorama actual de la guitarra contemporánea. No persigue tendencias ni repite triunfos pasados. Él refina, depura y reimagina, siempre en busca de la verdad emocional que reside en el sonido.
Este álbum es esa verdad, plasmada con precisión y vulnerabilidad.
Si *Phantasmagoria* fue un viaje a través de paisajes cambiantes, *Strange Hands* es el instante en que te detienes, miras a tu alrededor y te das cuenta de que el terreno ha cambiado... y tú también.


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