La Ley BOTS no es solo para bots: un juez federal desestima la moción de sobreseimiento de un importante grupo de inversión; la FTC cita de inmediato el fallo en su caso contra Live Nation.

La Ley BOTS no es solo para bots: un juez federal desestima la moción de sobreseimiento de un importante grupo de inversión; la FTC cita de inmediato el fallo en su caso contra Live Nation.


 Esta actualización legal supone un punto de inflexión para la industria de la venta de entradas y para cualquiera que se haya sentido frustrado alguna vez por los espectáculos con localidades agotadas. A continuación, presentamos una entrada de blog que resume las últimas novedades al respecto. 

Más que simples bots: por qué la última victoria legal de la FTC es importante para los aficionados a la música. Si alguna vez ha intentado comprar entradas para un concierto en el preciso instante en que salían a la venta, solo para descubrir que se habían agotado en sesenta segundos y que ya se ofrecían de nuevo a un precio tres veces superior, entonces conoce la frustración propia de la era moderna de la venta de entradas. Durante años, los «bots» han sido el enemigo público número uno. Sin embargo, según un nuevo y trascendental fallo judicial, la ley diseñada para detenerlos posee una fuerza coercitiva mucho mayor de lo que creíamos. 

El caso: FTC contra Key Investment Group (KIG). En agosto de 2025, la Comisión Federal de Comercio (FTC) presentó una demanda masiva contra Key Investment Group (KIG) y una red de revendedores de entradas. ¿La acusación? Haber eludido los límites de compra de Ticketmaster para acaparar más de 107.000 entradas en poco más de un año, para luego revenderlas obteniendo beneficios descomunales. 

La operación no consistió en un simple *script* informático; fue una sofisticada ofensiva, tanto manual como técnica, que implicó el uso de: miles de números de tarjetas de crédito; cientos de tarjetas SIM; y una intrincada red de nombres y direcciones falsos. La supuesta «laguna legal» de los bots que resultó no ser tal. KIG se defendió esgrimiendo un argumento sencillo: «Nosotros no utilizamos bots». Alegaron que, dado que la Ley de Mejora de la Venta de Entradas en Línea (*Better Online Ticket Sales Act* o BOTS Act) incluye la palabra «bots» en su título, dicha normativa solo es aplicable al *software* automatizado. Sostuvieron que sus métodos manuales para eludir las medidas de seguridad no quedaban contemplados en la ley. El juez George L. Russell III discrepó.

 En una resolución contundente en la que desestimaba la solicitud de sobreseimiento presentada por KIG, el juez aclaró que la Ley BOTS es aplicable a «cualquier persona», y no únicamente al código informático automatizado. Ya se trate de un script informático o de una sala repleta de personas que utilizan identificaciones falsas y teléfonos desechables para eludir las medidas de seguridad, el perjuicio es el mismo: precios exorbitantes y un acceso injusto. 

Por qué esto es importante: Este fallo sienta dos precedentes de enorme relevancia: La intención por encima del método: El tribunal dictaminó que la Ley BOTS tiene por objeto impedir la elusión de las medidas de seguridad, independientemente de si quien hace clic es un bot o un ser humano. Fracasó la defensa de que "Ticketmaster lo sabía": KIG intentó argumentar que Ticketmaster estaba al tanto de su conducta e incluso la fomentaba. El juez dictaminó que la falta de aplicación de las normas por parte de un emisor de entradas no convierte dicha conducta en legal. La ley se mantiene vigente, independientemente de con qué vigor una plataforma defienda sus propias barreras de seguridad. ¿Qué sigue? La FTC ya está aprovechando esta victoria para intensificar la presión. Inmediatamente después del fallo, presentó un aviso de autoridad suplementaria en su caso independiente y de gran repercusión contra Live Nation y Ticketmaster. 

Esta decisión marca el inicio de una nueva era en la aplicación de la ley. Constituye un disparo de advertencia para los revendedores, indicándoles que las soluciones alternativas "manuales" no los eximirán de la ley federal, y representa una inusual buena noticia para los aficionados que buscan tener una oportunidad justa de conseguir un asiento en primera fila.

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