La verdad detrás de los masters de Bad Bunny: Lo que los registros de derechos de autor realmente revelan

Durante años, la narrativa en torno a Bad Bunny ha sido la de un artista que alcanzó la cima del éxito global "a su manera", manteniendo su independencia y, lo más importante, la propiedad de sus grabaciones maestras (masters). Sin embargo, una investigación reciente de los registros públicos de la Oficina de Derechos de Autor de los EE. UU. cuenta una historia mucho más compleja y matizada sobre quién es realmente el dueño de la música de Benito Antonio Martínez Ocasio.

Las dos caras del derecho de autor

Para entender esta situación, primero debemos distinguir entre los dos tipos de derechos de autor que existen en cada canción:

  1. PA (Performing Arts): Se refiere a la composición (letra y melodía).

  2. SR (Sound Recording): Se refiere a la grabación específica, comúnmente conocida como el "master".

En el caso de Bad Bunny, los registros confirman que él es el autor y propietario nombrado de sus composiciones (PA). En una demanda federal de 2024, sus abogados presentaron 12 números de registro para 10 de sus canciones más grandes, todos comenzando con las letras "PA", lo que demuestra que efectivamente posee los derechos de sus canciones junto a sus coautores.

El mito de los masters: ¿Quién es el "empleador"?

Aquí es donde la historia cambia. Al revisar los registros de las grabaciones de sonido (SR), el autor que figura no es Benito Martínez Ocasio, sino Rimas Entertainment LLC. Más preocupante aún es la designación que aparece junto al nombre de la empresa: "employer for hire" (empleador por contrato).

Este término es crucial en la industria musical estadounidense. Si una obra se clasifica como "obra por encargo" (work made for hire), la empresa es considerada legalmente como la autora, no solo la dueña. Esto significa que el artista pierde el derecho de terminación (Sección 203), un mecanismo legal que permite a los creadores recuperar sus derechos después de 35 años. Al ser Rimas el autor original bajo esta cláusula, ese reloj de 35 años nunca comienza a correr para Bad Bunny.

¿Quién es 200 Caritos LLC?

La propiedad de los masters también arroja nombres inesperados. Mientras que en tres de sus álbumes Benito aparece como co-propietario, en los dos más grandes de su carrera (Un Verano Sin Ti y Nadie Sabe Lo Que Va a Pasar Mañana), el único propietario registrado es una entidad llamada 200 Caritos LLC.

Aunque 200 Caritos LLC comparte la misma dirección física que el propio Bad Bunny en San Juan, Puerto Rico, no hay documentos públicos que confirmen quién está detrás de esta empresa. Podría ser una entidad controlada por él, un abogado o un contador, pero en los registros federales, su nombre personal no aparece como dueño en esos álbumes específicos.

La conexión con Sony y el fin de la independencia

A pesar de la imagen de sello independiente de Puerto Rico, Rimas Entertainment reveló en una declaración corporativa ante un juez federal que su matriz corporativa es Sony Group Corporation. Aunque informes de prensa sugieren que Sony tiene una participación minoritaria, la obligación legal de la empresa ante el tribunal fue identificar a Sony como su matriz.

Movimientos recientes: El catálogo como garantía

El dato más reciente y sorprendente ocurrió a finales de julio de 2024. Alguien registró un acuerdo de garantía hipotecaria (mortgage security agreement) ante la Oficina de Derechos de Autor, poniendo 1,268 grabaciones de sonido como colateral, incluyendo el catálogo completo de Bad Bunny. Esto significa que estas grabaciones se utilizaron como seguridad para algún tipo de financiamiento o préstamo, aunque los detalles de las partes involucradas y el monto no son públicos.

Conclusión

La independencia, en el caso de Bad Bunny, parece ser más una posición estratégica que una realidad de propiedad absoluta. Si bien es dueño de sus letras y melodías —un logro que muchos artistas de su nivel no pueden reclamar—, la realidad de sus grabaciones maestras está atada a contratos de "obra por encargo" y entidades corporativas vinculadas a grandes conglomerados como Sony.

Al final, como señala la investigación, la pregunta no es si un artista "es dueño de su música", sino si es dueño de las canciones o de las grabaciones. En el caso del "Conejo Malo", la respuesta depende de qué papel de la Oficina de Derechos de Autor estés mirando

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