Los artistas percibían regalías mucho antes de que existiera el *streaming*; sin embargo, el sistema estaba fragmentado, sujeto al control de intermediarios y, a menudo, mal explicado, razón por la cual muchos músicos ni siquiera sabían que se les adeudaba dinero.
Cómo generaban regalías los artistas antes del *streaming*
Las principales fuentes de ingresos por regalías existían mucho antes de Spotify; simplemente provenían de los formatos físicos, la radio y la concesión de licencias para actuaciones en vivo, y no de las reproducciones digitales.
1. Regalías mecánicas (provenientes de copias físicas)
Cada vez que se fabricaba un disco de vinilo, un casete o un CD, el compositor de la canción percibía una regalía mecánica. Este sistema se instauró con la Ley de Derechos de Autor de 1909 (*Copyright Act of 1909*), la cual creó las licencias mecánicas obligatorias para garantizar que los compositores recibieran un pago por cada copia producida.
Las discográficas pagaban a los compositores o editores por cada unidad prensada.
Los artistas que interpretaban la canción solo percibían regalías si eran propietarios de la grabación maestra (*master*) o si su contrato incluía una cláusula específica sobre regalías.
2. Regalías de artista por ventas de discos
Hacia la década de 1930, los artistas firmaban contratos que les otorgaban un porcentaje de las ventas —generalmente entre el 3 % y el 5 % sobre el 90 % del total de ventas—; este porcentaje aumentó posteriormente, situándose entre el 5 % y el 15 % para la década de 1970.
Estas regalías se abonaban al artista intérprete (el que realizaba la grabación), y no al compositor de la canción.
Los anticipos (*advances*) eran recuperables por parte de la discográfica, por lo que muchos artistas nunca llegaron a percibir regalías reales.
3. Regalías por ejecución pública (radio, locales, televisión)
Las Organizaciones de Derechos de Ejecución (*PROs*, por sus siglas en inglés) —tales como ASCAP, BMI y SESAC— recaudaban regalías cada vez que una canción se reproducía públicamente: en la radio, en bares, en conciertos o en televisión.
Estas organizaciones garantizaban que tanto los compositores como los autores de las letras recibieran una remuneración por dichas ejecuciones públicas.
4. Licencias de sincronización (cine, televisión, anuncios publicitarios)
Antes de la llegada del *streaming*, la sincronización (*sync*) ya constituía una importante fuente de ingresos.
Las tarifas se negociaban caso por caso.
Tanto el compositor de la canción como el propietario de la grabación maestra recibían una remuneración.
Por qué muchos artistas desconocían la existencia de las regalías
A pesar de que las regalías existían, el sistema resultaba confuso, opaco y estaba controlado por intermediarios que actuaban como guardianes del acceso (*gatekeepers*).
1. Las discográficas a menudo compraban las canciones de forma definitiva
A principios del siglo XX, las discográficas solían comprar las canciones a sus autores por sumas que oscilaban entre los 25 y los 50 dólares, privando así al artista de cualquier derecho a percibir regalías futuras.
Muchos creadores ni siquiera sabían que tenían la posibilidad de generar regalías de forma continua a lo largo del tiempo. 2. Los contratos eran opacos y unilaterales
Los contratos discográficos eran notoriamente complejos:
Los porcentajes de regalías eran bajos.
Las deducciones (embalaje, roturas, tasas por nuevas tecnologías) reducían los pagos finales.
Algunos contratos recortaron secretamente las regalías en un 20% sobre los CD cuando estos se introdujeron en el mercado.
A menudo, los artistas no comprendían lo que firmaban.
3. Falta de educación y control de acceso en la industria
El sistema de regalías fue diseñado por editoriales, sellos discográficos y abogados, no por los artistas.
La mayoría de los músicos aprendían el negocio «a retazos» a lo largo de los años, sin tener una visión clara de cómo funcionaban las regalías.
4. Las PRO y la edición musical eran mundos separados
Muchos artistas desconocían que debían:
Registrarse en una PRO (organización de derechos de ejecución pública).
Registrarse con una editorial musical.
Dar seguimiento por separado a las regalías mecánicas.
Reclamar las regalías generadas a nivel internacional.
Si no se registraban, el dinero simplemente quedaba sin cobrar.
5. Los artistas confundían las regalías por «composición» con las de «grabación»
Dado que la industria contempla dos derechos de autor distintos:
La composición (creación de la canción)
La grabación maestra (el máster)
— muchos artistas no se percataban de que estaban dejando de percibir la mitad de sus ingresos.
6. Los sellos discográficos controlaban la presentación de informes
Antes de SoundScan (1991), los propios sellos discográficos declaraban sus cifras de ventas.
Esto facilitaba la subdeclaración de ventas o el retraso en los pagos, y los artistas carecían de medios para verificar dichas cifras.
En conclusión
Antes de la era del *streaming*, las regalías existían indudablemente: regalías mecánicas, por ejecución pública, por sincronización y las regalías del artista derivadas de las ventas en formato físico.
Sin embargo, el sistema era complejo, estaba sujeto a un estricto control de acceso y se explicaba de manera deficiente; razón por la cual muchos artistas desconocían que se les adeudaba dinero o cómo proceder para cobrarlo.

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