Durante años, la revolución del *streaming* prometió reinventar la televisión. Se suponía que los dramas de prestigio, los presupuestos cinematográficos y las épicas de género definirían el futuro: un futuro en el que las plataformas de *streaming* reemplazarían por completo al antiguo modelo de televisión tradicional.
Pero el año 2026 nos cuenta una historia muy diferente.
Gracias a un enorme repunte en la audiencia coincidiendo con su episodio final, la segunda temporada de *The Pitt* se ha convertido en la temporada de televisión original de *streaming* más vista del año en términos de tiempo de visualización, según los datos de Luminate Streaming Viewership (M). Y lo más sorprendente no es solo la magnitud de su éxito, sino el tipo de programa que es.
Un drama médico procedimental.
Quince episodios.
Un presupuesto modesto para los estándares del *streaming*.
Un formato que podría haberse emitido en la cadena CBS en el año 2006.
Y ese es, precisamente, el punto clave.
El regreso de los géneros familiares
Un análisis más detenido de los mayores éxitos del *streaming* en el primer trimestre de 2026 revela un patrón: el panorama del *streaming* se está reconfigurando discretamente a imagen y semejanza de la televisión tradicional.
Justo detrás de *The Pitt* se sitúa *The Lincoln Lawyer* (El abogado del Lincoln), de Netflix: un drama judicial que sigue la estela de *Perry Mason*. A partir de ahí, la lista parece un recorrido por décadas de historia de la televisión:
Misterio de asesinato: *His & Hers*
Franquicias de telerrealidad (*unscripted*): *The Traitors*, *Love Is Blind*
Thriller de espionaje: *The Night Agent*
Western: *The Madison*
Drama romántico: *Virgin River*
No se trata de proyectos experimentales, de alto concepto o impulsados por el prestigio. Son géneros televisivos clásicos; de esos que han sido el pilar de las parrillas de programación en horario estelar durante generaciones.
Incluso las llamadas «excepciones» —*Bridgerton* y *Paradise*— provienen de creadores con una sólida trayectoria en la televisión tradicional, como Shonda Rhimes y Dan Fogelman.
Resulta que el *streaming* está redescubriendo el poder de lo familiar.
¿Adónde se fue la era del prestigio?
Destaca por su ausencia en los primeros puestos el tipo de programas que en su día definieron el auge del *streaming*:
*House of Cards*
*Succession*
*The Crown*
O las series de género de gran éxito (*blockbusters*) que vinieron después:
*Stranger Things*
*The Mandalorian*
*The Rings of Power*
Estos programas no han desaparecido —de hecho, acaba de finalizar el rodaje de la tercera temporada de *The Rings*—, pero, innegablemente, son cada vez menos habituales. Disney+ ha reducido el ritmo de sus producciones de Marvel. Netflix ya no da luz verde a dramas de prestigio con la misma frecuencia que antes. Y el primer trimestre de 2026 no ofreció ni un solo estreno que pudiera considerarse un verdadero éxito de taquilla.
El Informe Anual de Cine y TV de 2025 de Luminate respalda esta afirmación: los dramas de prestigio serializados han experimentado un declive cada año desde 2022, mientras que los dramas procedimentales van en ascenso.
El péndulo está oscilando de regreso.
Por qué el *streaming* está volviendo a la lógica de la televisión tradicional
Este cambio no es accidental; es económico.
Los dramas de prestigio y las series de género de gran presupuesto son costosos —a veces, exorbitantemente costosos—. Requieren largos ciclos de producción, presupuestos masivos para efectos visuales y campañas de marketing que rivalizan con las de los estrenos cinematográficos.
Los dramas procedimentales y los programas de géneros familiares, por otro lado:
cuestan menos
producen más episodios
mantienen a los espectadores enganchados durante más tiempo
son más fáciles de promocionar
y su rendimiento es más predecible
En un mundo donde las plataformas están bajo presión para generar beneficios, las cuentas son sencillas: las viejas fórmulas de la televisión tradicional funcionan.
Una nueva era de la «vieja» televisión
Si los grandes éxitos del *streaming* sirven como barómetro para la industria —y, por lo general, así es—, entonces el año 2026 marca un punto de inflexión.
El *streaming* ya no intenta reemplazar a la televisión.
El *streaming* se está convirtiendo en televisión.
Eso significa:
más dramas procedimentales
más contenido de género que ofrece una sensación de familiaridad y confort
más narrativas de presupuesto medio y alto volumen de producción
menos epopeyas de cifras multimillonarias
menos experimentos de prestigio
En otras palabras, el futuro del *streaming* se asemeja mucho al pasado de la televisión; no porque a la industria se le hayan acabado las ideas, sino porque las audiencias están respondiendo a los tipos de historias que siempre han funcionado.
Y si *The Pitt* sirve de indicativo, los espectadores no solo están aceptando este cambio: lo están abrazando.

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