Clay Kin Vevey
Fecha de lanzamiento:
29 de agosto de 2025
Sello discográfico:
Squama
Vevey de Clay Kin: Un paisaje sonoro entre la tierra y la máquina
Algunos álbumes nacen de años de planificación, innumerables borradores y un minucioso refinamiento. Vevey de Clay Kin no es uno de ellos. Es, en cambio, fruto de la improvisación pura, la confianza y la apertura: música irrepetible, ni siquiera por sus propios creadores.
Clay Kin reúne al percusionista suizo Julian Sartorius, al artista electrónico británico Dan Nicholls y a la artista visual Lou Zon (Louise Boer) en un colectivo que se nutre de la espontaneidad. Su álbum debut, Vevey, surge de más de siete horas de improvisación libre condensadas en siete temas, grabados no en estudio, sino al aire libre: en barcas de pedales, en densos bosques y en las montañas suizas cercanas a Vevey. El resultado es un disco donde el canto de los pájaros, el fluir del agua e incluso la risa de los niños se fusionan a la perfección con una percusión compleja y una electrónica con texturas.
El nacimiento de Clay Kin
Las semillas de Clay Kin se plantaron en el Festival 12 Points de San Sebastián, donde el mundo táctil y acústico de Sartorius se entrecruzó con los innovadores paisajes sonoros electrónicos de Nicholls. Su primera colaboración surgió por casualidad en el Festival de Jazz EFG de Londres, cuando la decisión de improvisar juntos en el escenario dio lugar a una actuación inesperada pero transformadora. Esa chispa evolucionó en más espectáculos, colaboraciones más profundas y, finalmente, en la identidad de Clay Kin.
El nombre en sí mismo tiene un gran significado simbólico: inspirado en la madre de Nicholls, una alfarera, "Clay Kin" refleja la idea de moldear la tierra cruda para crear vasijas. Para el grupo, el sonido es arcilla, moldeada por el entorno, el tiempo y la confianza. El "kin" subraya el vínculo entre Sartorius, Nicholls y Zon: la íntima colaboración que hace posible tal improvisación.
Grabando Vevey: Música en Diálogo con la Naturaleza
Cuando fueron invitados a una residencia para Live in Vevey, el trío aprovechó la oportunidad de explorar el sonido más allá de las paredes. Durante el día, grabaron en diversos escenarios al aire libre; por la noche, actuaron en vivo. Con el ingeniero de grabación Martin Ruch capturando sus sesiones con sonido envolvente, los propios entornos se convirtieron en colaboradores.
Un día, flotaron en una barca a pedales, con los instrumentos balanceándose con el vaivén del agua. Otro, llevaron cables a lo profundo del bosque, donde la percusión reverberaba entre los árboles mientras los sintetizadores pulsaban desde una camioneta estacionada cerca. En ocasiones, Ruch grabó a 30 metros de distancia, dando la impresión de acercarse al sonido como si entrara en escena.
Nada fue ensayado, nada precompuesto. Como dijo Sartorius: «Ni siquiera hablamos de lo que íbamos a hacer. Simplemente empezamos a tocar». Esa apertura permitió que el propio paisaje moldeara la música: el viento, los pasos, las voces que pasaban, todo integrado en la textura del álbum. Cada tema toma su título de las coordenadas del mapa donde se grabó, lo que lo ancla aún más al lugar.
Improvisación como identidad
El trabajo de Clay Kin se centra tanto en el proceso como en el producto. Nicholls usa Ableton Live para entrelazar grabaciones de campo procesadas, samples y armónicos en tiempo real, mientras que Sartorius se nutre de su batería y del propio entorno: baquetas contra corteza, manos contra piedra, metal contra agua. Juntos, difuminan la distinción entre ritmo, melodía y ruido.
Es importante destacar que Vevey se resiste a la edición excesiva. En lugar de esculpir el material hasta convertirlo en algo pulido, preservaron la inmediatez de las improvisaciones originales. El álbum se erige como un documento sonoro y una exploración de la vulnerabilidad, donde la música emerge no del control, sino de la entrega.
La belleza efímera de Vevey
Quizás el elemento más impactante de Vevey sea su naturaleza fugaz. Incluso si Clay Kin regresara a las mismas coordenadas con los mismos instrumentos, el resultado sería diferente. Las canciones no son solo interpretaciones, sino momentos en el tiempo, cargados de elementos irrepetibles: una ráfaga de viento, la risa de un niño, el canto distante de un pájaro.
Lo que Sartorius, Nicholls y Zon ofrecen con Vevey no es solo música, sino una meditación sobre la escucha misma. Al salir del estudio y adentrarse en el mundo natural, revelan cómo el entorno, la comunidad y el azar pueden moldear el sonido. El álbum es un vehículo, no de perfección, sino de presencia.
Una convergencia única
En Vevey, las fronteras se difuminan: entre percusión y electrónica, músico y entorno, estructura y azar. Lo que emerge es algo a la vez crudo y profundamente humano: un paisaje sonoro donde la tierra se encuentra con la máquina, el ritmo con el ruido y la tradición con la experimentación.
El debut de Clay Kin no es solo un álbum. Es una experiencia que solo se vive una vez, pero que resuena mucho después.


Publicar un comentario